Durante mucho tiempo creí que uno era como era, y ya. Que ciertas ideas con las que crecí eran simplemente parte de mi manera de ser, algo fijo, casi imposible de tocar.
Hoy sé que no es así. La neuroplasticidad es la capacidad que tiene el cerebro para reinventarse, para crear nuevas redes neuronales —conexiones que llamamos sinapsis— y esas redes se pueden formar a nuestro favor. El cerebro no es una estructura fija; se sigue reorganizando toda la vida.
Me gusta pensarlo con dos comparaciones sencillas. La primera: tu mente es como un mapa mental, una ciudad con sus propias avenidas. Puedes transformar esas avenidas creando nuevas sinapsis — abriendo caminos distintos a los que siempre recorriste.
La segunda: el cerebro es el hardware, el CPU. Pero las creencias, los patrones, los hábitos con los que operamos —eso es el software, el programa instalado encima. El hardware casi no cambia. El programa sí se puede actualizar.
Lo comparto porque no soy alguien que ya lo tenga resuelto — apenas voy entendiendo esto, a mi manera, muy sencilla. Pero en mi propio viaje del sur al norte, me di cuenta de que traía un mapa mental —un programa— lleno de creencias y patrones que, en muchos casos, ni siquiera eran lo que yo realmente quería. Y empecé a entender que podía crear un sistema nuevo. Un programa nuevo.
Una de esas creencias tan instaladas: que los hombres no lloran. Crecí con esa idea tan metida que ni siquiera la cuestionaba. Con el tiempo, sin proponérmelo del todo, empecé a permitirme ser más sensible. A entender que mostrar vulnerabilidad no es debilidad — es, más bien, consciencia.
No sé si eso fue neuroplasticidad "en acción" en un sentido técnico exacto, pero sí sé que algo en mí se reprogramó. Y me gusta pensar que si se pudo reescribir una creencia tan instalada como esa, se pueden reescribir muchas otras.
Reflexión final
¿Qué programa crees que tienes corriendo en automático, sin haberlo cuestionado nunca?
Fuente: concepto de neuroplasticidad, Concepto.de / literatura general en neurociencia.