Hace un par de años empecé a jugar pádel. Entré a la plataforma con un puntaje de 1.5 — básicamente, arrancando de cero. Me tocó jugar séptima categoría.

Me gustó tanto que decidí ponerlo a prueba con algo que ya traigo trabajado de años en negocios: planeación, estrategia y ejecución. No fue casualidad ni algo que "se dio solo" — lo apliqué con toda intención, porque es la misma disciplina que uso para cualquier objetivo serio.

Primero, el objetivo: quería llegar a 4.0. No "mejorar", no "jugar mejor" — 4.0, medible, con número.

Después, la estrategia: decidí jugar con perfiles de nivel más alto que el mío, aunque perdiera más seguido — sabía que ahí aprendería más rápido que jugando siempre contra rivales fáciles. Quise tomar más clases de las que finalmente pude tomar, así que ajusté: las que sí pude, las prioricé.

Y finalmente, la ejecución. La parte menos glamorosa, pero la que realmente hizo la diferencia: jugué cerca de 200 partidos en dos años. Constancia, volumen, mostrarme a jugar aunque no tuviera ganas ese día.

Bajé de séptima a sexta, a quinta, a cuarta. Llegué al 4.0.

Lo comparto porque, aunque el marco no es nuevo para mí, siempre me sorprende ver qué tan bien funciona incluso en algo tan simple como un deporte — y creo que ahí está el valor de compartirlo: no como una fórmula que "descubrí", sino como algo que ya sabía y decidí aplicar con disciplina, incluso fuera del trabajo.

Hay un dato que respalda esto desde la investigación seria — no desde el mito que muchas veces se repite en el mundo de los negocios sobre un supuesto estudio de Harvard o Yale sobre metas escritas, que, investigándolo, resultó no haber existido nunca. La psicóloga Gail Matthews, de Dominican University of California, sí hizo el estudio real: encontró que quienes escribían sus metas junto con un plan de acción lograban 76% de éxito, comparado con 43% de quienes solo pensaban en la meta sin escribirla. Y quienes, además, compartían su progreso semanalmente con alguien más, subían a más del 70% de logro sostenido.

La herramienta que me gustaría dejarte — Los 3 papeles:

  • El papel del objetivo: escribe tu meta con un número o una fecha. No "quiero mejorar en X" — algo medible.
  • El papel de la estrategia: 2 o 3 decisiones concretas que vas a tomar para perseguirlo (con quién practicar, qué recursos usar, qué vas a dejar de hacer).
  • El papel de la ejecución: un hábito semanal de seguimiento — revisar, ajustar, seguir jugando aunque no tengas ganas ese día.
"La planeación sin ejecución es solo una fantasía bien organizada."

No sé si a ti te funcione igual, pero a mí me ha servido aplicar la misma disciplina en cualquier terreno — no solo en el trabajo.

¿Y tú qué opinas?

¿Cuál de los tres —objetivo, estrategia o ejecución— es el que más se te dificulta a ti?

Fuente: Gail Matthews, Dominican University of California, estudio sobre metas escritas y logro de objetivos.