¿Qué metas has logrado? Vale la pena mirarlas un momento: ¿qué hiciste distinto en esas?
¿Y cuáles todavía no? De esas, ¿qué has probado? Quizá apps, agendas, frases, visualizar, planear. Y cuando no salió, ¿qué te dijiste? ¿Hay algún juicio detrás, algo como "no tengo disciplina" o "no soy capaz"?
Hay algo que a mí me hubiera servido escuchar antes, y que después tuve que vivir: probablemente no es falta de carácter. A mí nadie me enseñó cómo se programa la mente, y mucho de lo que intenté lo hice sin saber cómo funciona. Esto no quita responsabilidad (yo creo en asumirla al cien por ciento), pero la pone en un lugar más útil: en lo que sí se puede entrenar.
Quizá has sospechado dos cosas: que la fuerza de voluntad sola no alcanza, y que visualizar tu meta tampoco basta. La investigación coincide con ambas. Gollwitzer y Sheeran (2006), en un metaanálisis de 94 estudios, encontraron que la intención no siempre se vuelve acción, y que formar un plan "si pasa X, entonces hago Y" mejora el logro con un efecto de medio a grande. Kappes y Oettingen (2011) encontraron que imaginar solo el éxito puede restar energía, y que ayuda más imaginar la meta junto con los obstáculos reales (aunque ese efecto es de pequeño a mediano).
La base de todo es la neuroplasticidad: el cerebro puede crear nuevas redes neuronales, y esas redes se pueden formar a nuestro favor. Si el hardware es el cerebro, tus creencias y hábitos son el programa instalado encima, y un programa se puede actualizar.
Lo que me tocó vivir (no te lo cuento como receta):
Quería un Mercedes convertible negro. Me había puesto la meta de tenerlo a los 35 y lo logré a los 27, ocho años antes. Lo puse en mi tablero visual, lo traía en la mente y tenía mi plan por escrito. Llegó de una forma que no esperaba: un amigo del gimnasio me dijo que justo ese coche, de ese color, lo andaba vendiendo. Yo lo viví como causalidad, no casualidad. No puedo probártelo, y otra persona lo leería distinto: al tenerlo tan claro, lo había platicado y estaba atento a cualquier oportunidad. Para mí, visualizar dejó de ser soñar con el final y se volvió ensayar el camino.
La segunda fue más grande. Llevaba unos dos años en Monterrey y no conocía a nadie. Tenía mi despacho jurídico (yo y un asistente), estaba asociado con una notaría, acababa de entrar a un negocio de capital humano y había abierto una pequeña inmobiliaria con una amiga. Ahí decidí que iba a crear un grupo empresarial. Armé mi tablero visual, mi plan por escrito y empecé un trabajo interno intenso: meditación, creer en mí, trabajar mis sombras, cuidar con quién me rodeaba. Hoy ese grupo existe y sigue en construcción.
Y no todo me ha salido. Hubo un negocio inmobiliario que pensé que iba a funcionar muy bien, y no funcionó. Cambiaron las reglas a mitad del camino, perdí dinero, y aun así asumí la responsabilidad y cumplí con mis socios. Cuando lo miro hacia atrás, entré sin el trabajo profundo: no tenía mi plan estratégico por escrito. No puedo asegurarte que eso lo hubiera evitado; hay cosas que no controlo. Y no ha sido el único proyecto que no salió.
Lo cuento porque programar la mente no es un seguro contra el fracaso. Para mí es una forma de entrar con más claridad y de levantarme con más sentido cuando algo no sale.
Si te da miedo empezar y no sostenerlo, hay algo que a mí me tranquilizó: Lally y colegas encontraron que, en promedio, un hábito tardó 66 días en volverse automático, con un rango enorme (de 18 a 254), y que faltar un día no arruinó el proceso. No hay un número mágico, y no pasa nada si fallas un día.
Lo primero, para mí: saber qué es ganar. Tu sueño importa, y vale la pena ponerlo por escrito. A mí me ayudó responder, sin prisa: ¿cuál es mi propósito, mi para qué, mi pasión, mi talento principal? ¿Qué sería ganar, en qué área y hasta qué punto? Cuando empecé a programar sin esa claridad, me di cuenta de que uno puede programarse hacia metas que ni siquiera son suyas.
Lo que a mí me ha servido (no es ciencia, es mi práctica):
- Estar conectado con Dios y saberme su hijo. Para mí es lo primero.
- Observarme, ser el observador y el observado.
- Trabajar mis sombras, el concepto de Carl Jung.
- Cuidar mi vibración y mi entorno.
- Trazar el camino, como en El camino del despertar de Mario Alonso Puig.
- Dejar fluir y asumirme responsable.
Mis herramientas, por si te sirven:
- Tablero visual: me ayuda a tener el destino a la vista, aunque solo no basta.
- Plan estratégico por escrito: lo que le da camino al tablero.
- Contraste mental: imagino la meta y, enseguida, los obstáculos reales.
- Plan "si pasa esto, entonces hago esto": lo defino para el primer obstáculo.
- Repetición sin contar días.
Reflexión final
¿Qué sería ganar para ti?
Fuentes: Gollwitzer y Sheeran (2006); Kappes y Oettingen (2011); Lally et al. (2010); concepto de neuroplasticidad.