El lunes hablé de que el cerebro se puede reinventar — que las creencias no son fijas, que se pueden reescribir. Pero hay una pregunta que se queda después de eso: ¿y cómo se reescribe, en la práctica?

La ciencia da una pista sencilla: entre más recorres un camino mental, más se refuerza. Las conexiones que usas con frecuencia —las sinapsis— se vuelven más rápidas, casi automáticas, como una avenida que se ensancha de tanto tránsito. Las que dejas de usar, se van cerrando solas, como un camino que nadie pisa.

Esto lo aprendí no leyéndolo primero, sino haciéndolo. Desde hace tiempo tengo una práctica que sostengo cada sábado, casi sin falta: un espacio de contemplación, de detenerme a preguntarme cosas que entre semana no me detengo a preguntar. No es una práctica larga ni complicada. Es constante, y creo que eso es lo que la hace funcionar.

No lo hice pensando en "neuroplasticidad" — lo hice porque lo necesitaba. Pero con el tiempo entendí que, sin saberlo, estaba pavimentando una avenida nueva, sábado tras sábado. Repetición simple, sostenida.

No siento que ya lo tenga dominado. Sigo teniendo semanas donde el ruido gana y las avenidas viejas —el piloto automático, la prisa, la reacción— se imponen. Pero cada sábado, vuelvo a intentarlo. Y creo que es ahí, en el volver, donde está el verdadero entrenamiento.

"Las conexiones que usas con frecuencia se vuelven una avenida que se ensancha; en el volver a intentarlo está el verdadero entrenamiento."

Reflexión final

¿Hay alguna práctica que sostienes con esa misma constancia, aunque no sepas todavía a dónde te está llevando?

Fuente: principio de neuroplasticidad y refuerzo sináptico por repetición, literatura general en neurociencia.